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Una conversación es el proceso de alternar comunicación que fluye hacia fuera y comunicación que fluye hacia dentro, y aquí mismo está el singular factor que crea la aberración y hace que se caiga en la trampa. Hay aquí una regla fundamental: quien envíe un flujo tiene que recibir un flujo; quien reciba un flujo tiene que enviar un flujo. Cuando encontramos esta regla desequilibrada en cualquiera de los dos sentidos, encontramos dificultades. Una persona que sólo está enviando un flujo de comunicación, en realidad no se está comunicando en absoluto, en el más pleno sentido de la palabra, ya que, para comunicarse plenamente tendría que recibir un flujo además de enviar un flujo. Una persona que sólo esté recibiendo comunicación, está funcionando mal también, pues si recibe un flujo, tendrá entonces que enviar un flujo. El origen de todas y cada una de las objeciones que alguien tenga a las relaciones sociales y humanas se puede encontrar, básicamente, en la inobservancia de esta regla de la comunicación. Cualquiera que esté hablando, si no está en un estado compulsivo u obsesivo de beingness, se desanima cuando no recibe respuestas. (Beingness es una palabra que usamos para referirnos a la asunción de identidad por parte del individuo. Un ejemplo de beingness sería el nombre o profesión propias.) Análogamente, cualquiera a quien se le esté hablando, se desanima cuando no se le da la oportunidad de dar sus respuestas.
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